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Esta es la historia de María Fernández, usuaria del Centro de día de mayores de Pozoblanco

Por enero 10, 2020 enero 24th, 2020 Sin comentarios

Me llamo María, tengo 88 años, y este es mi proyecto de vida.  Siempre he sido una persona independiente y autónoma, vivo en mi casa sola, me gusta pasear por la calle principal de mi pueblo, acudir a misa,  y puedo presumir de tener muchas amistades.

Hace casi tres años, a consecuencia de un problema de salud en una mano, comencé a acudir a diario al Centro de día de mayores de Fundación PRODE para hacer rehabilitación con el objetivo de recuperarme y volver a mi vida normal. En principio era algo transitorio, sin embargo, durante este proceso de rehabilitación, el centro comenzó a ser parte de mi día a día, de mi nuevo proyecto de vida.

En el centro me he reencontrado con antiguas amistades y también he hecho nuevos amigos/as. Cada día es agradable poder compartir mis inquietudes con otras personas que comprenden a la perfección cómo me siento, con quiénes puedo hablar de historias del pasado y también comentar lo que nos preocupa en el presente. Parece que todo se ve desde otra perspectiva cuando compartimos nuestros pensamientos con otras personas.

Los días transcurren de forma agradable. Siempre hay actividades programadas que nos hacen la mañana amena  y que además me permiten mejorar mi calidad de vida. Gracias a los ejercicios de rehabilitación recuperé la movilidad de mi mano, y a pesar de que los años van haciendo mella en mí y me cuesta más trabajo andar, estoy segura que el mantenerme activa me permite seguir viviendo sola y salir a la calle con autonomía.

Tan importante es mantener nuestro cuerpo activo como ejercitar nuestra mente. Puedo hacer gala de tener una estupenda memoria, pero con el paso del tiempo también se va resintiendo. Me gusta leer, dibujar, hacer ejercicios para la memoria, y siempre participo en todo lo que me proponen.

Desde hace un tiempo, algo ha cambiado en el centro. Siempre ha habido muchas actividades y se nos ha pedido opinión, pero ahora somos nosotros quienes decidimos cómo pasar nuestro día.

Elegimos qué queremos tomar en el desayuno, cómo haríamos en nuestra propia casa. Durante la mañana puedo escuchar música, dibujar, escribir, leer…, dedico el tiempo que me apetece a lo que más me gusta hacer. El gimnasio siempre tienes sus puertas abiertas, puedo disfrutar de hacer ejercicio durante mayor o menor tiempo según me encuentre. Y  el tiempo libre decido en que quiero emplearlo.

También colaboro en las rutinas del centro. Esta es nuestra segunda casa y como tal, me gusta ser parte de lo ocurre en ella. Pongo las mesas del comedor, acompaño a otros usuarios nuevos durante sus primeros días en el centro hasta que se van adaptando, me gusta sentirme útil, tengo mucho que aportar a los que me rodean y esto me hace sentir bien.

Nuestra vida no ha sido fácil, en muchas cuestiones no hemos podido elegir,  la cultura, la sociedad y el momento histórico que vivíamos marcaba lo que en cada momento debíamos hacer. Por eso, cuando nos preguntan dónde queremos ir, qué queremos hacer o qué nos hace ilusión, no somos capaces de responder. Nos cuesta tomar decisiones sobre nuestra propia vida, que curioso ¿verdad?. Pero poco a poco comenzamos a cogerle el “tranquillo”, ahora cada vez que se nos ocurre un deseo, una ilusión o algo nuevo que podemos hacer, no tenemos más que decirlo. Todos vamos aportando ideas: irnos con los amigos del centro a tomar un aperitivo a un bar nuevo que han abierto, visitar a un familiar que hace tiempo no vemos, ir al supermercado o a las tiendas de moda, ir a una exposición, conocer alguna zona nueva del pueblo… cada vez son más y más las ideas y los deseos que se van haciendo realidad.

Cuando llegamos a esta etapa de la vida, la vejez, habitualmente pensamos que debemos dejarnos llevar por lo que va aconteciendo, que es mejor que otros tomen decisiones por nosotros porque nos sentimos inseguros, nos encontramos con que muchas de las cosas que nos gustaban ya no podemos hacerlas. Sin embargo, estamos aquí, nuestra vida continúa. Debemos pararnos a reflexionar y descubrir qué queremos cambiar, hacia donde queremos ir. Y continuar con este proyecto de vida, de nuestra vida.

 

SER FELIZ ES PODER HACER AQUELLO QUE ES IMPORTANTE PARA MI

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